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Escrito por Lic. María José Díaz Cerrutti
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En las culturas antiguas, de cualquier lugar de la Tierra, se pensaba al hombre como un reflejo del Universo, y la medicina no escapaba a ello. Usando todos los sentidos como métodos fundamentales de diagnóstico, el intento era mantener la armonía del cuerpo en sí mismo y con el entorno, prevenir antes que curar, o restablecer esa armonía si se hubiera perdido. En la China milenaria se consideraba que la salud era mantener en su justa medida dos sustancias básicas: Qi (aire o fuerza vital) y Xue (sangre). La circulación equilibrada y constante de ambas era el objetivo primordial de cualquier acción preventiva o terapéutica, ya fueran masajes, prácticas corporales, acupuntura, moxibustión o fitoterapia. Por esto es que el masaje tradicional chino fue abordado no sólo por los médicos, sino también por monjes taoístas y budistas, por personas particulares y por artistas marciales. Entre ellos, los médicos y los artistas marciales fueron quienes perfeccionaron la técnica del arte del masaje terapéutico. “An Mo” significa masaje y existen cuatro categorías, a saber:
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